• Se convoca al 12° Congreso Nacional, 2019

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    VEA LA CONVOCATORIA COMPLETA EN EL SIGUIENTE ENLACE: http://amerac.org/12-congreso-nacional-2019/

    El campo mexicano presenta un agravamiento de la crisis rural que vivimos desde hace décadas. Este proceso se caracteriza por la concentración de grandes extensiones de tierra en manos de empresas agroindustriales nacionales y extranjeras lo que permite el despojo, la sobreexplotación de los bienes naturales y de la fuerza de trabajo rural dedicada a la producción de alimentos, lo que se agudiza por la utilización de biotecnologías nocivas a la vida. Este fenómeno propicia el empobrecimiento de los campesinos, el deterioro y agotamiento de la tierra y el agua, el abandono de tierras de cultivo en diversas zonas del país, el despoblamiento y proliferación de la violencia en pueblos, comunidades y espacios rurales, acompañado de un recrudecimiento de las formas autoritarias y la consecuente destrucción de la identidad y la cultura rural, en especial en los pueblos indígenas, lo cual ha generado destrucción del tejido social comunitario.

    Esta situación es resultado de las políticas gubernamentales proclives a favorecer los intereses de una minoría y la expansión del modelo neoliberal en su fase más voraz, identificada como globalización, donde se abandonó el discurso de la soberanía alimentaria como política de Estado, y donde los campesinos fueron considerados como actores atrasados ante la nueva dinámica del mercado global. Por esta razón, inició la desaparición forzada, la represión a las organizaciones ante la ausencia de políticas de apoyo a la producción y reproducción campesina.

    Los tomadores de decisiones no consideran que ser campesino no es una actividad económica sino una forma de vida, que rompe con esquemas productivos, por lo tanto, a pesar de todos los embates, hay procesos de resistencia y proyectos alternativos para el campo que dan un respiro a aquellos que aún mantienen la esperanza de rescatar la forma de vida campesina, no sólo como sobrevivencia cultural sino como alternativa civilizatoria.

    Consideramos que es necesario detenernos un momento y aprovechar el Congreso para que los participantes realicemos un balance de lo que ha pasado en el campo, pero también lo que hemos hecho como AMER, que en este año 2018 cumple veinte años desde su fundación, durante los cuales se han llevado a cabo sendos esfuerzos de estudio, reflexión y discusión sobre una multiplicidad de problemas que tienen lugar en el ámbito rural a lo largo y ancho del territorio nacional, desde diversas perspectivas disciplinarias.

    Es decir, proponemos que, en este Congreso, no sólo analicemos la problemática rural mexicana, sino que realicemos un balance de lo que hemos hecho como individuos y asociación para aportar al conocimiento de la problemática y la solución de la misma. Para ello requerimos resignificar y reformular nuestra intervención en el campo considerando el nuevo escenario dado por una participación inédita en el proceso electoral del pasado 1 de julio y la elección de un gobierno que prometió un cambio en el rumbo del país y la atención a los problemas del campo.

    En esta convocatoria, solicitamos que cada uno de los interesados en participar en el congreso haga una propuesta de ponencia en la que, además de exponer los hallazgos de investigación y las reflexiones teórico metodológicas sobre las ruralidades, se incluyan  respuestas a la siguiente pregunta guía ¿qué necesitamos hacer como individuos, colectivos y AMER frente a las diferentes problemáticas rurales que estamos identificando, para contribuir a vivir, sobrevivir y resistir en el campo mexicano?

    La clasificación y sistematización de estas respuestas-reflexiones, servirán de base para el diálogo entre actores y conferencistas que se realizará en cuatro sesiones denominadas “Foro plenario de académicos y Actores sociales” de tal modo que contribuyan a la elaboración de un Plan de acción desde y para la AMER. De esta manera, la reflexión y deliberación colectiva permitirá definir el qué necesitamos hacer, como una premisa fundamental a fin de darle vida y sentido a las tareas de la AMER y de quienes la conformamos, y así impactar en la vida del campo mexicano.

    El campo mexicano presenta un agravamiento de la crisis rural que vivimos desde hace décadas. Este proceso se caracteriza por la concentración de grandes extensiones de tierra en manos de empresas agroindustriales nacionales y extranjeras lo que permite el despojo, la sobreexplotación de los bienes naturales y de la fuerza de trabajo rural dedicada a la producción de alimentos, lo que se agudiza por la utilización de biotecnologías nocivas a la vida. Este fenómeno propicia el empobrecimiento de los campesinos, el deterioro y agotamiento de la tierra y el agua, el abandono de tierras de cultivo en diversas zonas del país, el despoblamiento y proliferación de la violencia en pueblos, comunidades y espacios rurales, acompañado de un recrudecimiento de las formas autoritarias y la consecuente destrucción de la identidad y la cultura rural, en especial en los pueblos indígenas, lo cual ha generado destrucción del tejido social comunitario.

    Esta situación es resultado de las políticas gubernamentales proclives a favorecer los intereses de una minoría y la expansión del modelo neoliberal en su fase más voraz, identificada como globalización, donde se abandonó el discurso de la soberanía alimentaria como política de Estado, y donde los campesinos fueron considerados como actores atrasados ante la nueva dinámica del mercado global. Por esta razón, inició la desaparición forzada, la represión a las organizaciones ante la ausencia de políticas de apoyo a la producción y reproducción campesina.

    Los tomadores de decisiones no consideran que ser campesino no es una actividad económica sino una forma de vida, que rompe con esquemas productivos, por lo tanto, a pesar de todos los embates, hay procesos de resistencia y proyectos alternativos para el campo que dan un respiro a aquellos que aún mantienen la esperanza de rescatar la forma de vida campesina, no sólo como sobrevivencia cultural sino como alternativa civilizatoria.

    Consideramos que es necesario detenernos un momento y aprovechar el Congreso para que los participantes realicemos un balance de lo que ha pasado en el campo, pero también lo que hemos hecho como AMER, que en este año 2018 cumple veinte años desde su fundación, durante los cuales se han llevado a cabo sendos esfuerzos de estudio, reflexión y discusión sobre una multiplicidad de problemas que tienen lugar en el ámbito rural a lo largo y ancho del territorio nacional, desde diversas perspectivas disciplinarias.

    Es decir, proponemos que, en este Congreso, no sólo analicemos la problemática rural mexicana, sino que realicemos un balance de lo que hemos hecho como individuos y asociación para aportar al conocimiento de la problemática y la solución de la misma. Para ello requerimos resignificar y reformular nuestra intervención en el campo considerando el nuevo escenario dado por una participación inédita en el proceso electoral del pasado 1 de julio y la elección de un gobierno que prometió un cambio en el rumbo del país y la atención a los problemas del campo.

    En esta convocatoria, solicitamos que cada uno de los interesados en participar en el congreso haga una propuesta de ponencia en la que, además de exponer los hallazgos de investigación y las reflexiones teórico metodológicas sobre las ruralidades, se incluyan  respuestas a la siguiente pregunta guía ¿qué necesitamos hacer como individuos, colectivos y AMER frente a las diferentes problemáticas rurales que estamos identificando, para contribuir a vivir, sobrevivir y resistir en el campo mexicano?

    La clasificación y sistematización de estas respuestas-reflexiones, servirán de base para el diálogo entre actores y conferencistas que se realizará en cuatro sesiones denominadas “Foro plenario de académicos y Actores sociales” de tal modo que contribuyan a la elaboración de un Plan de acción desde y para la AMER. De esta manera, la reflexión y deliberación colectiva permitirá definir el qué necesitamos hacer, como una premisa fundamental a fin de darle vida y sentido a las tareas de la AMER y de quienes la conformamos, y así impactar en la vida del campo mexicano.

     

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